01 marzo 2006

Farenheit 451


"El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego, empujar a un malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía. (...) Se vio en los ojos de ella, suspendido en dos brillantes gotas de agua, oscuro y diminuto, pero con mucho detalle; las líneas alrededor de su boca, todo en su sitio, como si los ojos de la muchacha fuesen dos milagrosos pedacitos de ámbar violeta que pudiesen capturarle y conservarle intacto. El rostro de la joven, vuelto ahora hacia él, era un frágil cristal de leche con una luz suave y constante en su interior. No era la luz histérica de la electricidad, sino... ¿Qué? Sino la agradable, extraña y parpadeante luz de una vela. "

Ray Bradbury

No se queman libros físicamente pero se siguen quemando ideas poniendo best sellers infumables como modelos literarios y llamando a la pasividad y a lo políticamente correcto porque "las cosas no se pueden cambiar". Qué miedo

2 comentarios:

Oulanem dijo...

Nueva-(y sencilla-)mente exquisito! Me alegra comprobar que tu blog está más vivo que nunca. Pero, sobre todo, me alegra poder leer pequeñas joyas como ésta. Huelga decir que comparto tu opinión y tu miedo. Un abrazo descomunal.

La navaja en el ojo dijo...

Mejor liberar libros y no quemarlos. Respeto tu decisión de no hacerlo más. Yo aún no me he dedicido a soltar ninguno. Ya os contaré si lo hago.